La sociedad de complices

complices

Ni mi familia ni yo compramos en esta tienda. Jamás entré a ninguno de sus establecimientos, traté con su gerencia ni sus empleado pero son noticias como las de Daka las que más me rompen en corazón. Me lo rompe por dos razones. La primera, porque como cuando se muere el tío del mejor amigo de la novia de un primo, uno se solidariza y se siente porque sabemos que el próximo podemos ser nosotros. Pero lo que más me mata es que en el caso del homicidio, no me imagino a la sociedad civil acudiendo en masa al crimen con cotufas y refresco. Pero en este caso el supuesto ocurrió así.

Que el gobierno decida aniquilar y sacar del mercado a las empresas de electrodomésticos y demás para justificar su ineptitud y recuperar el amor de la ignorancia con “pan y circo” es dentro de esta locura de país entendible. Que el chavismo de base se crea el argumento de que la escasez, el desabastecimiento y demás males de los que sufrimos es consecuencia de una guerra económica, un sabotaje y una burguesía endemoniada en lugar de entender el fracaso del proceso que siguen y la ideología que profesan también entra dentro de los cánones de normalidad de Venezuela. Pero que la sociedad de a pie se convierta en invitado de lujo al show de luces, al  nuevo circo romano, a que el león se coma al cristiano, me parte el corazón.

Nos hemos convertido en una sociedad de cómplices, en unos alcahuetas silentes de las ineptitudes e incompetencias de un gobierno trasnochado. Vemos como de uno en uno nos pasan por la guillotina y aplaudimos tan duro como si el ruido vaya a hacer que no nos toque eventualmente a nosotros, La historia nos ha demostrado que a todo el mundo le llega su momento de recibir patria.

Primero fueron los magistrados cabrones (dicho en el estricto sentido de la palabra) de la antigua corte suprema que después de servirle en bandeja de plata las instituciones judiciales y el marco legal al gobierno, los desecharon como una vajilla de plástico. Los medios de comunicación que tanto profesaron el desprestigio de los partidos y de las instituciones políticas del país en 2007 se vieron ellos en “la silla caliente” con el cierre de RCTV. Pasaron también por ahí los Ismael, los Baduel, los Vladimir Villegas y cuantos otros que por un momento pensaron tener el beneplácito de una revolución y al siguiente eran motivo de calumnias y vejaciones. Las revoluciones solo creen en ellas, son yo-cráticas, ni Dios ni federación, solo revolución.

Hoy por enésima vez fuimos las celestinas de este gobierno. Hoy una vez más no solo hicimos la vista gorda, sino que también aprovechamos la tragedia de los demás para nuestro propio beneficio. Hoy nuevamente fuimos la sociedad de cómplices a la que lamentablemente en algún momento le llegará su hora.

Zeta.

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