A lo mejor es que no somos tan buenos

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Esto es lo que debe sentir una persona cuando la dejan plantada en el altar. Tanta fue la espera que solo es equiparable con el tamaño de la desilusión. Y es que por primera vez la cosa fue palpable, tuvimos la miel en los labios y olimos la gloria pero al final terminamos con la frase que mejor define el aura de nuestro deporte: Competir como nunca y perder como siempre.

Y no nos culpo. Cuando ganas por primera vez a Argentina un partido de fútbol, llegas a la semifinal de la copa América, la cual pierden en penales después de jugar claramente mejor que tu rival y llegas a estar en puestos de clasificación directa por mucho tiempo, la cosa es como para soñar con el Gloria al Bravo Pueblo sonando en el Maracaná.

Hoy 11 de septiembre la realidad es otra. Hoy estamos en el 6to lugar, a falta de un partido, a 3 pts y 6 goles del 5to a quien le quedan todavía 2 partidos por disputar. La realidad de hoy, convirtió el sueño en pesadilla. La realidad de hoy es que el proceso fracasó. La meta era ir al mundial y no la conseguimos y así sea que por un milagro del espíritu santo, terminemos yendo a Jordania a jugar el repechaje, los objetivos no fueron logrados. La realidad a final de cuentas amigos, es que lamentablemente no somos tan buenos como pensábamos ser.

Y entender esto, déjenme decirles que no es tan  malo como parece. Primero porque si entendemos esto como un fracaso deportivo y empezamos a ver el vaso medio vacío (No jugamos tan bien como los otros 5 que van al mundial) en vez de verlo medio lleno (hicimos más puntos que nunca y le ganamos a Argentina), significa que estamos generando una mentalidad crítica en el aficionado y se empieza a reconocer desde donde se puede mejorar y en donde se puede empezar a colaborar. Entender que las cosas no van bien es entender que nosotros como entes externos algo podemos hacer. Es entender que el mensaje de victima ya pasó de moda. Que nuestro entrenador habla de respeto a Venezuela y toda esa verborrea emocional pero contra Uruguay y Chile sale a amarrar el partido pero con Perú arma defensa de 3. Las partidos se ganan en la cancha y no en las salas de prensa Sr. Cesar Mourinho.

El proceso también fue un fracaso político. Como sociedad civil, dejamos que la política que tiene tan divida al país hiciera de las suyas y permitiera quitar patrocinios tan importantes a nuestro fútbol nacional como el de empresas polar. La selección tiene que ser un ente ajeno, que aquello que la política desune, el lo una. Y así como la selección, existen otras cosas sobre las cuales la política no debería posar sus manos.  También nos dimos cuenta de los vicios que sufre nuestra federación, que hay un modelo arcaico y trasnochado que ningún bien esta haciendo al fútbol nacional y que es cómplice directo de la intromisión de la política en el deporte. Ya ellos pagarán las consecuencias.

Por último, este proceso también fue un fracaso social. Lo fue porque dentro de la fanaticada generamos un nacionalismo absurdo, un idolatro a lo absolutamente nuestro que nunca tuvo ningún sentido. Creímos que si teníamos afinidad con equipos extranjeros, apoyábamos dentro de cierta medida a otras selecciones y no asistíamos regularmente a los estadios de fútbol a ver al equipo local, entonces éramos unos pasteleros. Algo así como el si criticas a Capriles y a la MUD eres chavista o el típico o estás con la revolución o estás en contra de ellos, ambas dos  altamente criticadas. Vivimos en un mundo globalizado y mixto, en donde la razas y las culturas se mezclan para crear elementos únicos, con características diferentes a las de los demás. Nosotros somos una generación de venezolanos hijos de extranjeros (españoles, italianos, portugueses, etc) y también lo es nuestro balompié. No hay nada de qué avergonzarnos, todo lo contrario.

La realidad es que no somos tan buenos como pensábamos. Ni como país, ni como afición, ni como selección. La realidad, hoy 11 de septiembre es que este proceso lamentablemente fracasó pero que lo más importante de todo es que de los fracasos, también se aprende.

Como buen católico e hincha, yo también creo en los milagros, espero podamos celebrar el 11-10 por la noche.

Zeta.

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