El no placer de volar

Me declaro fan no solo de Woody Allen y sus películas sino también de los conceptos que usa para llevar la trama. Realmente me veo en el espejo de Owen Wilson y su golden age síndrome o de Alec Baldwin y the ozzymandia melancholics. Yo sí creo que todo tiempo pasado fue mejor. Más que creerlo, estoy seguro de eso, no me cabe ninguna duda. Lo vemos en el deporte, en la música, en los libros y sobretodo lo vemos a la hora de tomar un avión y viajar.

En los buenos viejos días viajar era más que el viaje, más que el trayecto, era la experiencia. Era tomar  tus mejores maletas, ponerte tu mejor traje, cambiar la correa de tu reloj y lustrar tus zapatos a mano. Era afeitarse al ras, peinarse la raya con gomina y usar la mejor de tus colonias. Era aunque fuese por unos minutos, sentirse parte del primer mundo.

Viajar era tomar champaña y comer caviar. Era azafatas de primer nivel, políglotas y globalizadas. Tener acceso a las mejores revistas, los mejores periódicos, ver las mejores publicidades. Era comer comida de calidad, claramente no al nivel de un restaurant 3 estrellas michellin pero por lo menos no con sabor a sobrar de centro penitenciario sudanés. Se disfrutaba inclusive hasta de los temblores y turbulencias porque se sabía que después de la tormenta, siempre venía la calma.

Hoy en día la realidad es otra. Hoy la tormenta y la calma dan lo mismo. Hoy da igual como vayas vestido o como huelas o que maletas uses ya que no importa a donde vayas, sabes que vas a pasar de las 2 peores horas (por lo menos) de tu vida. Y es que la verdad no hay ningún momento rescatable en esta, la nueva manera de viajar, salvo ese en el que sales del aeropuerto de tu destino y hasta esa experiencia puede ser traumática.

Desde que llegas al aeropuerto y empiezan a revisar hasta el color de tu vello púbico hasta la posibilidad de que pierdan tus maletas o peor, que te las abran y te roben tus pertenencias, hacen del viejo placer de volar un literal infierno en el cielo. Lo que solían ser azafatas espectaculares ahora solo son arrugadas viejas que dominan su idioma natal y machucan un poco de algún otro. El caviar y la champaña pasaron a ser una pasta recalentada y una coca-cola con una puta piedra de hielo. Asientos que te duermen el culo, pilotos que te ponen los vellos de punta y baños que te ponen el estómago del revés. Son niños que lloras, padres que no les paren y 5 horas sin poder fumar. Es un cinturón que es de todo menos de seguridad. Son ganas de ir al baño justo cuando el carrito está pasando. Son sabanas y cobijas que parecen las manualidades de un kindergarden para el día del padre. Es todo un suplicio y mejor no entremos en el tema de los precios del boleto.

La verdad que el placer de volar es ahora el no placer de volar. Es pasar un mal rato y sentirte como si estuviera en una lata de sardinas podrida. Lo único reconfortante es que después de este viaje dantesco, surreal y postneo, viene el placer y el disfrute de pasear, conocer y experimentar nuevas y mejores cosas. Por eso y muchas cosas más es por las que estamos dispuestas a subir 5 horas al infierno para después bajar por unos cuantos días al cielo.

Bon voyage a tots

Zeta

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