La luz al final del boquerón

Esta semana este valle al que solemos llamar Caracas cumplió 446 años. Pareciera que fuese ayer cuando Diego de Lozada se embarco en la aventura que tendría como resultado final tu advenimiento. Desde entonces has vivido las mejores y las peores experiencias que una ciudad de tu edad puede tener. Fuiste la cuna de la independencia y el ejemplo a seguir de toda América. Viviste 2 terremotos, un levantamiento social en el 89’ y más de un derrocamiento. Disfrutaste de la llegada de la democracia en el 53’.

Hoy todos debemos admitir que no estás en tu mejor momento y no se cuan peor pueda estar la cosa aunque me reconfortar pensar que al final de este túnel o boquerón para ponerlo en el contexto caraqueño, si hay una luz. Estas son unas cuentas razones para no perder la esperanza.

  • Porque tu gente siempre se reinventa, porque se pueden morir de todo menos de hambre. Porque nos invitas a levantarnos una y cien veces aunque en muchos de los casos no sepamos cómo.
  • Porque dentro de tus zonas más peligrosas también florece. Porque dentro de tus barrios hay mentes muy brillantes y constantemente nos damos más cuenta de eso, lo que pasa es que hay que tener paciencia para buscar.
  • Porque tus universidad invitan al optimismo, formando no solo grandes profesionales sino grandes seres humanos. Debo admitir que si hubiese un ranking universitario que midiese la calidad humana de su alumnado, las nuestras ocuparían el top10.
  • Porque el Ávila siempre está ahí para demostrarnos que hasta en los lugares más peligrosos del mundo, la belleza está a un giro de cuello.
  • Porque aunque no sepamos hacia dónde ir, sabemos a dónde no ir o lo que es lo mismo, sabemos que debemos parar de hacer lo que hemos venido haciendo hasta ahora.
  • Porque aunque los gobiernos de los últimos años no hayan sido para nada buenos, el hecho de que exista ese toque de esperanza es motivo para sentirse bien.
  • Porque cuando el potencial y el emprendimiento se junten las cosas difíciles se vuelven fáciles y el cambio que queremos es generacionalmente alcanzable.
  • Por ti mon cher ami. Por ti que te levantas cada mañana a “hacer país” mientras esto se cae a pedazos, por esas ganas que le echas a la vida, por ese no quererte ir, ese negarte a dejar la vaina morir, porque al final del día, la luz al final del boquerón no es otra cosa que tu.

Esperemos que para el 447 aniversario la cosa esté un poco mejor.

Zeta

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