Le contaré a mis hijos

Yo espero contarles muchas cosas a mis hijos. Cosas más que todo sobre mi infancia, donde crecí, que me gustaba hacer, comer y beber. Algunas borracheras, situaciones emocionantes y embarazosas. Les contare de mis novias, de cómo eran y de cuanto las quise y las quiero a pesar de no estar destinados a ser.  Les contare sobre el compromiso y la comprensión de mamá, el cariño y la inocencia de papa y la particularidad de Mariana. Le contare de esto y mucho más aunque tengo que admitir que me lo que más me emociona es el hecho de poder contarles que yo viví en la época dorada del deporte mundial.

Les contare como papá espero 56 años para que su equipo fuese el mejor del mundo y ganases 2 euros y un mundial, pero más importante, para que su equipo generase un juego de identidad, diferente y que pudiese sobrepasar el tiempo. Les contare de los pases de Xavi, los goles de Iniesta y los penales Casillas. De esa final de Sudáfrica donde fume más cigarrillos en promedio que en el resto de mi vida. Del tikitaka, de cómo pasamos de la furia a la sutileza. Les contare también del mejor equipo de la historia que aunque no era el mío, tuve el gusto de ver jugar. Un equipo liderado por un tal Messi que aunque nunca fue mi favorito tengo que reconocer que era un tipo adelantado a su generación.

Otro que tampoco me gustaba mucho pero que era un diferente era un chico nacido en Akron, Ohio que parecía tener un affair con un aro de básquet y que a pesar de todas las críticas rompió todos los record del baloncesto. Les contare de mi romance con los equipos chicos, los underdogs, aquellos por los cuales las casas de apuestan pagan una millonada por victoria, que son pura garra y corazón y donde cada libre encestado vale una vida.

Les contare de unos coterráneos nuestros que eran una especie de superhéroes con gorra y guante que nos ponían la piel de gallina cada vez que los veíamos entrar al diamante. Reyes de la lomita como Félix y Carlos, novatos que se convierten en hombres, un tal Omar Vizquel que dicen es el mejor short-stop de la historia. Historias sobre el niño de Maracay que destrozo todos los records de bateo haciéndose con un premio que se pensaba ya extinto. Les contare sobre los Cardinals de Pujols, los Yankees de Jeter y los RedSox que rompieron la maldición. Les diré con orgullo que yo vi cerrar a Mariano. Por supuesto les contare sobre mis queridos tiburones de la guaira.

Les contare sobre los hermanos Manning de cómo el mejor de los 2 no tuvo la suerte de su hermano menor en partidos finales pero que gusto que daba verlo jugar. Pasaremos horas hablando de cómo Usain Bolt pulverizaba a todos sus rivales corriendo a media máquina y de un tipo llamado Michael Phelp que pareciera que Dios lo hubiese dotado con escamas y branqueas y no brazos y pulmones. De las leonas argentinas, el tigre del golf y los all-blacks neozelandeses. De cómo el nano piloteaba su Ferrari y que aunque hasta el sol de hoy no haya logrado el tricampeonato, es el mejor piloto que he visto. De cómo los españoles se apoderaron del motociclismo.

Les diré que vi todos los Nadal-Federer, el surgimiento de Nole y de cómo un británico ganó Wimbledon más de 7 décadas después. La rivalidad fuera del ring entre Pacman y Mayweather. Que yo vi a Rubén Limardo ganar el oro en Londres para Venezuela y de cómo un verano de 2014 fui a Brasil a ver a mi país disputar por primera vez una copa del mundo.

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