El club de los sobrevalorados

Al club de los sobre valorados no podemos pasar ni tu ni yo. Por lo menos no por los momentos. La verdad es que no conozco a nadie que haya ido y sin embargo se perfectamente de que va la cosa, no hay que ser muy inteligente como para no darse cuenta. Es lo bueno de los lugares donde no impera la ley de la imaginación.

En el club de los sobre valorados hay una barra, unas escaleras de caracol y una quincena de mesas, todas redondas, de madera de roble cada una con 8 sillas. Hay aromatizante de pino en los baños y una señora que vende Camels a 120 bs la caja. En el club de los sobrevalorados está permitido fumar siempre y cuando prendas el cigarrillo con un zippo o en su defecto unos fósforos de madera, de no ser así tendrías que salir para “nebulizarte”.

A un lado de la barra hay un pasillo, una fuente de dedos de mozzarella, pizza dominos y al final una rockola multicolor de esas que vemos en algunas series de Warner. Solo los socios tienen acceso a ella y entre sus canciones preferidas están Música Ligera, Stairways to Heaven y Hotel California. También están los grandes éxitos de Arjona, Marc Anthony y U2. Podríamos decir que es una constante hora loca.

El club de los sobrevalorados es un espacio multicultural, por eso los miércoles hay reuniones de lectura y los jueves se hacen cine-foros. Creo en la cartelera de este mes podemos ver Avatar, Jurassic Park y Titanic. Los ciclos de lectura por su parte, se devienen de un proceso arduo de selección entre las obras maestras de Paulo Cohelo, Dan Brown e Isabel Allende. Hay que plantearse retos literarios para mantener el nivel. Supe que la última vez que alguien propuso algo de Nabokov fue expulsado del club disque por razones de seguridad. Ojo con eso. Por su puesto, también hay cenas con show.

Se habla de todo y de nada a la vez. Del socialismo del siglo XXI, de carros y de culos. De la noche anterior y de la que viene. Del que no está presente. Se habla por lo general de lo que no se sabe, y de que buena es esa propaganda que dice “Lo que no se sabe, se inventa”. Por supuesto se habla de sexo.

Al club de los sobrevalorados van los izquierdosos europeos, los capitalistas de la bolsa de valores  de Nairobi y la miss universo del año. Algunos galardonados del Grammy y del Oscar. Va Sasha Fitness y un grupo de sus mejores amigas, todas pacientes Cronin y Gerow. Peluqueros de esos que se llaman estilistas, divorciadas calentonas y un par de putones verbeneros del brazo de un gorilón como para no desentonar. Todos beben cacique 500 o Smirnoff y  brindan a su propia salud y por la madre que los parió. Los precios de los tragos suelen terminar en ,99.

Afuera del club de los sobrevalorados están lo que llamamos mundo, lleno de personas como tú y como yo quienes no podemos o no queremos pasar pero que tenemos que trabajar todos los días para así poder darle a las cosas su justo valor.

Si algún día te haces socio, invítame. Probablemente no vaya a aceptar.

Zeta.

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