Vámonos a la playa

Hagan sus maletas, cojan sus mejores pintas, saquen las gaveras de cerveza del maletero y cuélguense los lentes de sol al cuello porque por los próximos 5 minutos echaremos lo que solemos llamar “una bajadita a la playa”.

Lo que en muchos países incluiría la compra de tickets (De avión o de autobús), la reserva de un hotel o una posada y un cronograma súper cerrado, para nosotros los venezolanos es como ir a pasear al perro. Una bajada a la playa es lo mas parecido a ir a un Walmart en Estados Unidos; hay uno en cada esquina y cualquier excusa es buena para ir. De pana, quien no ha estado sentado en su oficina o en la sala de su casa cuando de repente llega un pin con la fabulosa noticia de “nos vamos en 20 minutos a la playa…”. Y te vas. Sin más nos vamos y por las próximas entre 24 y 72 horas de tu vida todo vuelve a ser “usualmente impredecible”

El viaje puede ser desde el elegantísimo Parque Nacional Los Roques o simplemente Playa Los cocos en la Guaira pero es increíble como cualquier ida a la playa va a comenzar con la siguiente frase; ¿Quien se activa unos camineros?. Y es que el venezolano no puede agarrar carretera, autopista o incluso montarse en un yate, lancha o peñero, sin su respectivo trago en la mano. Ron, vodka, cerveza, whisky o aguardiente, no importa, la playa puede con eso y mucho más. Recuerden, venezolano que se respeta no gasta ni la mitad de dinero en comida de lo que se gasto en curda. Palabra del señor.

La gastronomía playera criolla no es muy extensa aunque se puede prestar a platos bastante exóticos por no llamarlos peculiares. Pasta con restos de morcilla, sardina y cheez wiz o empanada de guacuco con plátano, son parte de nuestro menú de playa. También los medios de cocción suelen ser bastante peculiares, algún día les contare sobre la famosa “pasta hervida con ron”.

Por nuestra extensa tradición playera, los venezolanos contamos con ciertos elementos en nuestros hogares  que me atrevería a decir que no se ven en ninguna parte del mundo. Por lo menos no todos juntos. Una cava, unas raquetas de playa, un vaso térmico, una silla plegable y una camioneta 4×4 (O por lo menos algún amigo cercano con) son piezas fundamentales del hogar venezolano.  Los invito mes amis, a darle la vuelta al GLOBO TERRAQUEO si así lo desean, no van a encontrar una casa igual.

Nuestras playas además de ser las más hermosas del mundo (como nuestras mujeres) son un reflejo de nuestra identidad nacional. Aunque al presidente no le guste admitirlo somos grandes capitalistas. Eso se demuestra en que podemos conseguir más flujo de dinero un día en la playa que en cualquier centro comercial. Delicias de mar, empanadas, pulceritas, collares y hasta tatuajes pueden ser adquiridos en las playas venezolanas. Este es el único país donde los vendedores ambulantes, asi vayan en un peñero, tienen punto de venta. Si los iglúes no se derritiesen seguro que también los podríamos conseguir ahí.

A golpe de 6 de la tarde montaremos nuestras cavas en nuestros respectivos carros, nos sacudiremos la arena de los pies y  pondremos a sonar nuestro mejor repertorio de reggae sabiendo que por otro fin de semana se acabó nuestra dosis de playa pero siempre con la idea en la cabeza que en cualquier momento puede llegar a nuestros celulares un mensaje advirtiendo que en 20 minutos salimos para la playa.

Recuerden siempre que en el mar, la vida es más sabrosa.

Zeta.

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